
En 1997, Rie Fujii llegó a Canadá desde Japón con la intención de estudiar inglés.
Un año después comenzó una relación con Peter Brown y, el 9 de febrero de 2000, dio a luz a su primer hijo, Domenic. El 24 de febrero de 2001 nació su hija Gemini. Sin embargo, su situación migratoria era irregular y, durante aquellos meses, Fujii atravesó dificultades para encontrar una vivienda estable.

En abril de 2001, se instaló con sus dos hijos en un apartamento de Calgary, Alberta. Poco después inició una relación con Chris Knowler y comenzó a dejar a los pequeños solos en casa, en ocasiones durante toda la noche, mientras visitaba a su pareja.
La situación se volvió cada vez más preocupante: los niños tenían apenas 15 meses y tres meses de edad, y dependían completamente de un adulto para sobrevivir.
El 8 de mayo de 2001, Fujii tomó una decisión que tendría consecuencias irreversibles. Dejó a Domenic y Gemini solos en el apartamento, con un biberón para cada uno, y se marchó a Cochrane para pasar tiempo con Knowler. Lo que debía ser una visita se prolongó durante diez días. Durante ese período, los bebés permanecieron sin los cuidados necesarios, sin acceso suficiente a alimento y agua.
Cuando Fujii regresó, encontró a sus dos hijos muertos. En lugar de avisar inmediatamente a las autoridades, metió el cuerpo de Gemini en una bolsa de plástico y lo arrojó a un contenedor de basura. El cuerpo de Domenic quedó dentro del apartamento.
Dos días después, regresó a Cochrane para reunirse con su novio, con quien permaneció cuatro días. A finales de mayo, volvió a visitarlo y se quedó una semana más, mientras los cuerpos de sus hijos seguían sin ser descubiertos.
El 5 de junio, el propietario del apartamento decidió intervenir después de no recibir respuesta a un aviso de desalojo. Al abrir la puerta, percibió un fuerte olor a descomposición y contactó a la policía. Los agentes encontraron el cuerpo de Domenic y comenzaron a investigar la desaparición de su hermana. Fujii fue arrestada al día siguiente. Durante el interrogatorio, mintió inicialmente sobre el paradero de la niña, pero finalmente salió a la luz lo sucedido.
Fujii fue condenada a ocho años de prisión por homicidio involuntario. En 2004 se le negó la libertad condicional y, tras cumplir cinco años de su condena, fue deportada a Japón en 2006.Tras la sentencia, un psiquiatra declaró que Fujii parecía feliz de que sus hijos estuvieran muertos.