La famosa modelo que se inyectó aceite en el rostro, mira como lucía antes « Todo Nathy
enero 4, 2026

La famosa modelo que se inyectó aceite en el rostro, mira como lucía antes

Una exmodelo coreana vivió una verdadera pesadilla después de someterse a múltiples cirugías plásticas, lo que terminó por transformarse en una obsesión con consecuencias devastadoras. Hang Mioku, quien en su juventud trabajaba como modelo, se convirtió en un símbolo de los peligros asociados con la adicción a las intervenciones estéticas. Su historia sigue sorprendiendo a muchos, ya que, en su desesperación por seguir modificando su apariencia, llegó a inyectarse silicona y aceite de cocina en su rostro, lo que la dejó completamente desfigurada.

La travesía de Hang comenzó cuando, a los 28 años, decidió someterse a su primera cirugía plástica en Japón. Lo que en un principio parecía ser una mejora estética, rápidamente se transformó en una espiral incontrolable de operaciones. Después de pasar 20 veces por el quirófano, Hang seguía insatisfecha con los resultados, lo que la llevó a continuar buscando maneras de perfeccionar su apariencia. Los médicos, al notar su constante insatisfacción y su aparente trastorno psicológico, le recomendaron no seguir adelante con más procedimientos, ya que su obsesión por cambiar su rostro se estaba volviendo peligrosa. Sin embargo, ella ignoró estas advertencias.

Al regresar a Corea, sus cambios físicos eran tan drásticos que sus propios padres tardaron en reconocerla. Preocupados por el deterioro de su salud mental y su creciente adicción a las cirugías, la llevaron a un médico, pero los esfuerzos por detener su compulsión no tuvieron éxito. En lugar de seguir el consejo de los profesionales, Hang tomó una decisión radical: comenzó a inyectarse sustancias extrañas en su rostro, entre ellas silicona industrial y aceite de cocina. Las consecuencias de esta acción fueron devastadoras, dejando su cara gravemente dañada y llena de cicatrices.

Su caso se volvió conocido en todo el país cuando fue presentado en un programa de televisión coreano. Allí, se apeló a la solidaridad del público para recaudar fondos destinados a su cirugía reconstructiva, ya que su rostro había quedado severamente deformado. Los médicos se vieron en la difícil tarea de intentar corregir los daños, y en las primeras diez operaciones lograron extraer 60 gramos de silicona, aceite y otras sustancias de su cara, además de 200 gramos de su cuello. Aunque su rostro fue reducido considerablemente, las cicatrices permanentes permanecieron como recordatorio de su difícil experiencia.

Su caso se volvió conocido en todo el país cuando fue presentado en un programa de televisión coreano. Allí, se apeló a la solidaridad del público para recaudar fondos destinados a su cirugía reconstructiva, ya que su rostro había quedado severamente deformado. Los médicos se vieron en la difícil tarea de intentar corregir los daños, y en las primeras diez operaciones lograron extraer 60 gramos de silicona, aceite y otras sustancias de su cara, además de 200 gramos de su cuello. Aunque su rostro fue reducido considerablemente, las cicatrices permanentes permanecieron como recordatorio de su difícil experiencia.

Actualmente, Hang Mioku tiene 48 años y sigue enfrentando las secuelas de sus decisiones. Aunque su apariencia ha mejorado en comparación con los momentos más críticos, aún tiene la cara desfigurada y sueña con recuperar su “rostro original”. Trabaja en una tienda de ropa reciclada llamada The Beautiful Shop, y recibe apoyo del estado para poder seguir adelante con su vida.

El caso de Hang Mioku pone en evidencia los riesgos de la adicción a las cirugías estéticas, un problema creciente en muchas partes del mundo. Esta adicción no solo afecta la apariencia física, sino también la salud mental y emocional de quienes la padecen. Como comentó el cirujano plástico Jorge Pedro, muchas personas que recurren al quirófano en exceso no son plenamente conscientes de los peligros que esto conlleva. Incluso cuando los médicos les advierten sobre los riesgos, algunas personas insisten en someterse a más procedimientos, desafiando los límites de la seguridad.

La dismorfia corporal, una condición en la que el individuo no se reconoce a sí mismo ni se siente conforme con su apariencia, es una de las principales causas de esta adicción. Según la cirujana plástica Mónica Milito, quienes padecen dismorfobia nunca logran sentirse satisfechos con su imagen y constantemente buscan nuevos cambios. Estas personas, a menudo influenciadas por estándares de belleza inalcanzables, van de un cirujano a otro buscando la perfección que nunca llega.

El caso de Hang, aunque extremo, no es aislado. En todo el mundo, muchas personas buscan transformar su apariencia física sin considerar las consecuencias a largo plazo. Hace poco, se conoció la historia de una modelo japonesa que invirtió más de 100 mil dólares en cirugías estéticas para alterar sus rasgos asiáticos y parecerse a una muñeca, impulsada por la idea de que así sería vista como más atractiva.

Estas historias sirven como recordatorio de los peligros que conlleva la obsesión por la perfección física y la importancia de buscar ayuda profesional cuando las cirugías estéticas se convierten en una compulsión difícil de controlar.